En el fraccionamiento de Vista Chevere vivía un niño llamado Nauj que le encantaba jugar afuera de su casa ya que ésta no era muy grande ni tenía patio para que él jugara. Su madre no se preocupaba que Nauj estuviera fuera ya que el fraccionamiento era un lugar muy seguro y nunca había pasado algo malo alrededor.
Una tarde, Nauj salió tarde de la casa para ir a jugar con sus amigos de la calle de atrás. Su madre lo vio y solo le dijo que tuviera cuidado al cruzar las calles o que no hablara con gente desconocida. En el momento en que Nauj cerro la puerta, ella sintió una presión en el pecho y tuvo un mal presentimiento pero no le dio mucha importancia.
Pasaron como cinco minutos cuando la madre de Nauj reaccionó que su hijo no se había llevado una chamarra y ya estaba comenzando a llover. Ella con tal de alcanzar más rápido a su hijo, tomo el carro de la familia y empezó a manejar camino a la calle donde estarían jugando los niños. La madre no se había dado cuenta pero el perrito del Nauj se había quedado dormido en los asientos de atrás del carro y eso era algo que le disgustaba mucho a ella que el perro hiciera. Fue tanto su insistencia, que ella dejo de ver al frente del volante, por intentar despertar al perrito. Un fuerte golpe se escuchó a los pocos segundos después. Ella frenó en seco y bajo del coche para ver que había pasado. En medio de la lluvia se pudo escuchar un grito agudo proveniente de la madre al ver a su hijo en el suelo tirado y sin moverse a causa de un golpe en la cabeza con la defensa del carro.